La culpa no es algo que se sienta, es algo que se actúa.
La adecuada demostración de la culpa depende de qué tan buen actor se es o de cuánto se interesa el sujeto por el arte de la actuación como pieza de supervivencia.
Muchas veces, en efecto, funciona bien el hecho de no sentir ninguna culpa, es decir, de no fingir ninguna, para proyectar una imagen de éxito.
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