lunes, 10 de octubre de 2011

893.


La improvisación por sí misma no vale nada.
No hay cosa más detestable que darle valor a la improvisación para justificar acciones vacías e inocuas o rimar gerundios.
No todo el mundo debería improvisar. A veces es mejor preparar las cosas mediocremente para no demostrar que, además de mediocre, se es un imbécil con el inconsciente vacío o totalmente sembrado de estereotipos transgénicos.

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