Purulencia verborrágica. Dolor que late a ritmo de corazón embadurnado de sagrado colesterol. Bitácora de la explosión del imperio de la grasa y las visceras freídas.
sábado, 22 de octubre de 2011
139.
Es difícil dejar de pensar que la metáfora del vampiro tiene una falla fundamental al postularlo como victimario. El vampiro es un miserable que necesita la sangre de otros que no la utilizan bien.
Los verdaderos vampiros viven de día y no necesitan la sangre ajena para alimentarse; usualmente, la derraman por diversión.
Recibir la versión del ganador conlleva desconfiar de dicha versión y del juicio que se hace sobre el perdedor que es siempre una justificación para perpetrar acciones en su contra.
Generalmente el ganador acusa al perdedor de todo lo que él mismo hizo, en éste caso, de ser un vampiro.
A diferencia del verdadero vampiro, el de la metáfora es un marginal nocturno y solitario, peligrosamente criminalizado y satanizado, que deja vivir a sus víctimas a pesar de que bebe su sangre. El otro, los otros, no.
Todo aquel que se persigne y les tema a los vampiros está muy cerca de ser uno.
¿No se han dado cuenta de cuánto les han chupado la vida a los vampiros para seguir llevando las suyas de cristianos explotadores y jueces?
Los verdaderos vampiros se miran al espejo, trabajan duro y salen al sol sin mirarlo a los ojos jamás. Los verdaderos vampiros no saben que lo son.
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