miércoles, 5 de octubre de 2011

739. objetivo y objeto social


Tocando fibras abyectas y plastificadas sedujeron a la mayoría de los incautos a través de objetos.
La posesión de un objeto nunca trae más beneficios que problemas, imposiciones objetivas.
Los objetos causan alergias, heridas, envenenamientos, asesinatos, muros, límites, senderos, autopistas, automóviles, teléfonos celulares. Bajo el engaño de la ergonomía (la ciencia de ser un esclavo cómodamente) y sus optimizaciones, nos adaptamos a las máquinas y sus tiempos convirtiéndonos en trabajadores y consumidores eficientes, teniendo en cuenta que cualquier desempleado como el suscrito, consume, es decir, produce. En otro término: trabaja.
Eso, sin contar lo que pasa cuando no se posee el objeto, alojado en el basurero de nuestras mentes, con la misma cantidad de conexiones que estrellas en la galaxia utiilizadas en la indigestión de información inocua, a través de lo que llamamos risueñamente: entretenimiento. Envidia, resentimiento y ganas de trabajar.
La objetividad, definitivamente, genera problemas, en gran medida, por causa del objeto y su perversa y básica seducción planeada por degenerados que comprarán objetos peores con lo que ganan por tan execrable trabajo.
La posesión es imposible. Hasta lo que se come se pierde, se defeca. Depositar nuestras esperanzas en el almacenaje es bastante triste. Culpar a los objetos de nuestras penas es reconfortante.
Confort es una palabra detestable utilizada en la construcción de ataúdes y sillas de oficinista.

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