Purulencia verborrágica. Dolor que late a ritmo de corazón embadurnado de sagrado colesterol. Bitácora de la explosión del imperio de la grasa y las visceras freídas.
lunes, 12 de septiembre de 2011
481. deseos
Desearle la muerte al prójimo es la mejor manera de darse cuenta de que un individuo ególatra no tiene ningún poder sobre nada. Los deseos no se cumplen.
Los crédulos recomiendan no hacerlo, no desearle la muerte a nadie, como si alguna vez hubieran matado a alguien con la mente.
Los asesinos no desean la muerte de nadie, la realizan.
Es de cobardes desear la muerte de otros porque, a fin de cuentas, no significa respetar la vida de los demás sino tener miedo de la ley.
De hecho, también es bastante egoísta pensar que la muerte es un deseo y no una imposición como la vida.
Desear la muerte es como desear respirar mientras se duerme.
El deseo es la carnada de la falta de sentido y se convierte en él, en el sentido.
La vida es más agradable cuando se desea lo que no se puede evitar. La vida es más agradable cuando se vive deseando la muerte.
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