jueves, 19 de enero de 2012

319. sonido bestial


Los zoológicos son la metáfora perfecta del amor con el que los más execrables seres humanos se llenan la boca. Los amantes de los animales los aman enjaulados y se diferencian de los maltratadores por la expresión que tienen sus rostros mientras tratan bien a los animales, encerrándolos y alimentándolos con frituras.
Los amantes de los animales se diferencian de los maltratadores como si no pertenecieran todos a la misma especie que, torpemente, no logra dejarlos en paz (a los animales) porque, cabe aclarar, el amor a los animales les resulta insoportable (a ellos, a los animales) que nunca lo han necesitado y que durante siglos vivieron decentemente, privados de tan abyecto bien.
El punto más alto del supuesto amor a los animales es la zoofilia que, como cualquier otro tipo de amor hacia dichas criaturas, incurre, al contrario de lo que se pueda pensar, en comportamientos similares a la violación. 
Los amantes de los animales me parecen criaturas bajas, convencidas falsamente de que su acción es necesaria para salvar a unas criaturas que usualmente destruyen con su cariño y que son tan nobles que, a pesar de todos los daños que les hemos causado con nuestro odio y nuestro amor (nunca con nuestro respeto), no han aprendido a odiar a todos los humanos por igual, como deberían.
El día en el que los animales se rebelen contra la humanidad no dudaré en identificarme con las bestias y arrancarles a mordidas su pérfido y soberbio amor por la vida a los horribles seres humanos.
Para ser un animal se necesita poco más que una dentadura, para ser un humano la sola fantasía.
La verdadera lección termina apuntando a un lugar recurrente: Nada es más peligroso, perjudicial, desconsiderado, irrespetuoso y esclavista que el amor humano.
La gente que ama a la vida debería ser considerada una amenaza y, consecuentemente, debería ser exterminada. Estoy seguro de que esas muertes serían mucho más placenteras que las de muchas bestias a las que, además, se podría alimentar con la carne de los amantes de las criaturas.
Más que de  amor, los animales necesitan tu carne para vivir.

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