jueves, 9 de junio de 2011

03. deportes extremos



Típico de los políticos de pacotilla era prometer estadios deportivos a los incautos porque el deporte aleja a los jóvenes de la droga.
Viendo las lesiones que sufren los deportistas como las rodillas destruídas, los cerebros atrofiados, los corazones gigantes, el patriotismo barato y los infartos en plena competencia; la balanza, mi balanza, se inclinó sin misericordia hacia la esquina de la droga abusando del maniqueísmo dogmático al que se suele someter cualquier decisión oponiendo una opción a otra.
Que la droga, definitivamente, enseña más que patear y 'cabecear' una bola de cuero sintético. Eso es lo que pienso y pensaré hasta que la droga me mate, es decir, hasta que yo me mate con ella porque, a fin de cuentas, ella me preparó para morir.
Con el libre mercado los esclavos quisieron ir siempre más lejos en materia deportiva para impresionar a sus dueños y los dueños quisieron ir más lejos en materia de droga para impresionarlos a ellos.
Entre los jóvenes escupidores que dan gruñidos para manifestar que se divierten  se expandió como el petróleo en el mar lo que los robots que hablan en los programas de televisión llaman
'deportes extremos'.
Ya la idea del deporte, entendido como actividad física desprovista de cualquier finalidad primordial que consiste en no permitir que unos músculos destinados a atrofiarse se atrofien definitivamente, me parecía bastante molesta para que llegara, además, una generación de imbéciles y luego otra, a realizar intentos de suicidio controlado con cascos de colores, gritando como las bestias que tanto desprecian.
Ayer estuve oyendo sobre un paracaidista que se golpeó en el aire con otro paracaidista, se desnucó y perdió el control de su cuerpo (si es que lo tuvo). En ningún momento perdió la conciencia. El paracaídas se abrió solo y el hombre vio toda su caída sin poder mover un dedo. Me atrevo a pensar que el paracaídas debió quedarse cerrado. Ahí está la esencia de los deportes extremos: sus precticantes se aferran a la vida burlándose de la muerte, siempre, muy mal trajeados. La muerte, paciente y frugal, los deja seguir brincando con sus lentes de sol y sus ridículos gestos.
Viendo televisión yo sigo firme en la droga. La droga no me causa problemas. En cambio, el deporte, ese horrible espectáculo que viola voluntades a través de publicidades estúpidas, que le llena la cabeza de empaques plásticos a un montón de esclavos y animales de trabajo que devoran a otros para tener energía e ir a trabajar, no puede caerme bien.
Viendo televisión, como dije, yo sigo firme en las drogas. Veo videos de accidentes de deportistas alejados de la droga que se parten los huesos que no pueden nombrar en honor al sanguinario dios de la estupidez y el entretenimiento ocular.
Tendrá que llegar el momento en el que prohiban también el deporte y haya que iniciar a los deportistas precoces en la droga para evitarles lesiones permanentes y carreras llenas de frustración, olvido y miseria. Por lo menos se van a reír de lo estúpidos que son sus trajes y de sufrir un juego como no sufren la vida hasta que se les parte un hueso o la cabeza contra una roca (en el mejor de los casos).
No me gusta la palabra drogadicto porque no me tomo la drogadicción en serio, a diferencia de los que nunca han probado la droga. Se podría decir, en mi caso, que uso drogas por deporte y que odio los 'deportes extremos'. En caso de sufrir una lesión o la muerte practicando mi deporte, me consuela saber que no voy a morir con publicidades en la ropa,  un casco ridículo en la cabeza y unas gafas de sol tornasoladas en la cara.

1 comentario:

  1. Brindemos por las personas que brindan cuando es innecesario

    pdta: mil maneras de morir, lunes nueve de la noche en infito

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