Nada como viajar 15.000 Km. en el avión de una empresa multimillonaria,
gastar litros y litros de combustible que cuesta sangre de quién sabe
cuántos miserables, usar la plata obtenida con años de autohumillación
según el precio del dólar, ser un turista más y luego, en una especie de
visión mística, descubrir la importancia de lo simple y lo sencillo
para poder volver a casa en clase turista y pontificar desde la
superioridad que dan los viajes espirituales.

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