Purulencia verborrágica. Dolor que late a ritmo de corazón embadurnado de sagrado colesterol. Bitácora de la explosión del imperio de la grasa y las visceras freídas.
miércoles, 30 de octubre de 2013
382. tarima
Si le digo la verdad, no me siento como una de esas quinceañeras histéricas que dan alaridos sólo por tener al frente a un o una idiota que antes sólo habían visto en fotografías y farsas videográficas u oído en discos prensados para poner a bailar a hordas de idiotas en busca de una identidad que no les exija abandonar un estilo de vida conformista, basado en la apariencia y en el alarde fotográfico.
Guiados por el fantasma de la provocación, viven de la fantasía de que su mensaje es oído por su enemigo. Mientras tanto, se pelean entre ellos y con los demás, porque son mejores, porque ellos sí son verdaderos.
Si me lo pregunta, tocar la guitarrita no le da derecho a decirle a nadie lo que tiene qué hacer. Para todo el mundo es un secreto, lastimosamente, que entonar bien un mensaje no significa que el mensaje sea verdadero o que, de hecho, exista un mensaje en una maraña de palabras vacías y fórmulas básicas para justificar el baile desinteresado de unos post adolescentes con ínfulas de marginados.
Está claro que para la mayoría de los consumidores estúpidos que no pueden pasar un día en silencio, cualquier ruido que justifique su existencia vacía parece lo mejor de un mundo consagrado a la imbecilidad.
He conocido mil imbéciles que me hacen sentir un rebelde cuando tocan un instrumento sin dejar de ser imbéciles que cantan tonterías. Idiotas que se creen hijos del demonio por saber tocar la guitarra y/o porque la mayoría de los imbéciles que los siguen no lo pueden hacer y como suele suceder con todo lo que no insulta la inteligencia de los consumidores, se convierte en algo de admirar. Toque la guitarra cuando le plazca pero ahórrese sus opiniones que ya bastantes predicadores y/o vedettes de tarima tenemos encima dándonos órdenes y diciéndonos qué comprar.
Sucede entonces que cuatro estúpidos que son mejores que el resto y que todo el día se toman fotos haciéndose los rudos y creyéndose la rueda de los tiempos, amenizan un mundo asqueroso haciendo más llevable las vidas de un montón de lamesuelas a los que sólo les importa lo que alguien dice cuando lo dice cantando, impostando la voz de forma mosntruosoa y estúpida en busca, muy en el fondo de sus superficialidad exhibicionista, de aceptación y reconocimiento de tipo sexual y ramplón.
La música es el más bajo mecanismo de manipulación y, sobre todo, de inoculación de mensajes insulsos y estúpìdos que no hacen más que darles ínfulas a los peores elementos de que tienen la razón en algo, si es que existe tal cosa como la razón. La música es un jingle, como usted.
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