La abundancia, en general, logra revelar que la esencia perversa de los comportamientos no se encuentra en ellos sino en el hábito. No hay hábitos buenos o malos. Todos los hábitos, su naturaleza enferma, se generan dentro de la abundancia que los hace posibles.
No hay nada peor, concluyamos, que el hábito de la abundancia.
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